Y a las pocas horas de dejar Mai Châu, unas enormes plantaciones de té se abren a nuestro paso. Es Thanh Son. Por unos minutos creo estar en Sao Miguel, en Azores, viendo todos los campos de té. Y como por arte de magia el paisaje se transforma en un mixto de arroz y té a partes iguales, como si lo hubieran dibujado con una escuadra y un cartabón al milímetro para dar esa sensación de que todo está perfecto.
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